miércoles, 8 de diciembre de 2010

Nos felicitan las Oblatas




Marimar, omi como Sup.General de las Misioneras Oblatas de María nos escribe el siguiente texto para esta fiesta de la Inmaculada.

L IC et MI

Para Dios nada hay imposible” Lc 1,37


Querida familia oblata:

¡Feliz fiesta de la Inmaculada! En el relato de la Anunciación hoy hemos escuchado que “para Dios nada hay imposible”. Estas palabras se han cumplido verdaderamente en María, ella es la toda Santa, la toda Hermosa, en la que resplandece toda la fuerza y el Amor del Creador. Ella brilla hoy en medio de la Iglesia como un faro que nos señala el camino trazado por Dios para nosotros. Ella va por delante y nos señala la meta, el camino de la santidad. Llamados a ser santos e inmaculados (cf. Ef 1,4), mirando a María podemos vislumbrar la llamada que Dios hace al hombre de ser imagen de su Hijo (cf. Rm 8,28).

Como familia oblata tenemos en María un bello ejemplo de santidad, de entrega, de respuesta generosa en docilidad a la voluntad del Padre. Para nosotras, Misioneras Oblatas, mujeres consagradas al plan de Dios, ¿Qué nos dice la Fiesta que hoy celebramos? ¿Cuál es la gracia que podemos pedir al Señor por intercesión de María? ¿Cómo nos puede María enseñar a vivir nuestra vida centrada en Cristo, a vivir nuestra consagración de manera que empape todos los aspectos de nuestra vida? Si miramos a la Virgen y miramos la obra de Dios en ella encontraremos la respuesta. María sencillamente acogió la Palabra de Dios, aceptó en su seno y en su corazón el Don de Dios, libremente se dejó hacer por el Señor y se entregó sin reservas al plan y a la obra del Salvador.

Todo es gracia de Él, todo se nos ha dado y todo lo que podemos hacer o llegar a realizar como Oblatas nos viene de Dios. Esta elección de Dios, esta gracia que sin merecerla hemos recibido, nos hace exclamar con María “¡Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava!”(Lc 1, 46-48).

¡Toda Hermosa eres María! Ella es la Tierra virgen, elegida y destinada por Dios antes de todos los siglos. Su hermosura se halla en dejarse hacer por el plan de Dios, la nuestra, en ser mujeres consagradas a ejemplo de María, que en el silencio, la humildad y la sencillez fue la madre del Salvador y madre de todos los hombres y es bendita y causa de bendición para todas las generaciones. Hoy María resplandece en toda la Iglesia, su mirada amorosa y su sonrisa nos acompaña en el camino y es, para todos nosotros, hijos e hijas de María, modelo de nuestra fe.

Que ella nos ayude a prepararnos para recibir en nuestro corazón la venida de su Hijo. Es la gracia que hoy cada uno de nosotros podemos pedirle al Señor por intercesión de su madre, María Inmaculada.

Mª del Mar Gómez,omi

Superiora general

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