miércoles, 15 de diciembre de 2010

P. Ramón Pardo Bada (1918-1996)

Nació en Carrandi (Asturias) el 12 de Enero de 1918. Cursó magisterio y ejerció algún tiempo de maestro. En la guerra de 1936 perdió el brazo derecho.

En 1947 ingresó en el noviciado de Hernani en calidad de hermano ya que la irregularidad física le impedía el acceso al sacerdocio.

No se apagó su vocación sacerdotal. Perseveró, oró, insistió y obtuvo la dispensa. Hizo un segundo noviciado y terminó los estudios teológicos en Pozuelo. Recibió el sacerdocio el 19 de Junio de 1960.

Primero como hermano y más tarde como sacerdote fue formador en El Abrojo, muy querido de los juniores pos su trato afable y comprensivo.

Fue maestro de novicios durante 3 años en Hernani y superior provincial en los difíciles años del posconcilio. Realizó ministerio pastoral en Ntra. Sra. de la Merced en Oviedo, en San Bartolomé de Lejona y en San Leandro de Aluche.

Fue también socio del maestro de novicios en Pozuelo, Lejona y el Abrojo.

Llevó con entereza y gran espíritu de fe su merma física y su enfermedad de corazón. En agosto de 1996 le sobrevino una trombosis y falleció en Diego de León el 15 de Diciembre de 1996.

Poseía un carácter afectuoso, campechano. Fue amante apasionado de María, de la Iglesia, del Papa, de la Congregación.

Al final de sus días dejó por escrito su retrato:
"Mi vida es una continua gimnasia de Amor, un tratar de construir la unidad querida por Jesús en la familia oblata, en el mundo entero y en la Iglesia. Por eso trato de no dejar ni un solo momento sin amar, sin abrazar con María a Jesús Crucificado, para no dejar de tener un solo momento el gozo del RESUCITADO"

3 comentarios:

  1. Me parece un acierto hacer memoria de los Oblatos que nos han dejado para ir a la casa del Padre. Me gustaría que, en la medida de lo posible, apareciese también su foto. Supone más trbajo, pero valdría la pena. Gracias. JMV

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  2. Conviví con el Padre Ramón los últimos días de su vida y compartí numerosas anécdotas y su gran bondad y sabiduría.
    Maestro de la oración, tenía el don de saber escuchar. Su empatía se desbordaba a raudales y su alegría era contagiosa.
    Cuando le visité en el Hospital, recuerdo que un médico me preguntó "¿es familiar suyo?" y yo le dije que si... Le sentía tan cerca como a un verdadero hermano.
    Antes de morir incluso me dió nombres de quienes iban a sentir la llamada oblata (y acertó).
    Que nunca se olvide su labor, su sentir y su obra.

    José León

    legrajo@hotmail.com

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  3. Un recuerdo entrañable el del padre Ramón, que era todo bondad. Desde la casa del Padre estará presente en San Leandro el domingo, como tantos otros, seguro. Raquel

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