jueves, 13 de enero de 2011

Una reflexión del P. Guillermo Steckling, omi

¿Cómo un oblato puede quedar fiel a su misión de anunciar a la persona de Cristo 
y no quedarse con puras obras sociales?" 

Todos reconocen que es una pregunta importante. Pero, ¿cómo responder?

Salen tres cosas que se pueden decir.

, las obras sociales son necesarias porque la fe no se transmite sin la caridad. ¡Ojalá que nunca lleguen a faltar! Benedicto XVI dice de la Iglesia : "practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra." (Deus Caritas, 22)

, la boca habla de lo que el corazón rebosa. Si un misionero oblato medita día y noche el misterio de Cristo no va a fallar de hablar de la persona de Cristo.

. Para asumir la difícil misión del anuncio explícito y no escaparse en un protagonismo falso de obras exteriores es importante aprender el idioma con qué comunicarse. A veces será cuestión de estudiar lenguas como el mandarino o el nivaclé, pero en sentido más amplio se tratará siempre de escuchar bien lo que se dice y se cuenta y aprender este lenguaje.

Solo así se tendrá la facilidad comunicar bien y se podrán usar ejemplos e insertar imágenes que cautivan. Esto suele encontrar un eco positivo y llevará a la gente a nuevas iniciativas (que luego se deben apoyar activamente). Habrá menos tentación de escaparse en el protagonismo de meras obras exteriores.

En resúmen, evangelizar es comunicar buenas noticias y sobre todo LA buena noticia de que Cristo está vivo y que con él todo cambiará. Ésta se comunica con obras de caridad, con palabras que salen de un corazón lleno de Él y en el idioma propio del otro, que se debe aprender. Solo así nuestra evangelización será integral y completa.

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