viernes, 25 de febrero de 2011

Ah… se lleno la casa otra vez… - Uruguay

"Ah… se llenó la casa otra vez…" Esa era la expresión que usaba mi madre cuando, por una razón u otra, su casa donde últimamente vivía sola, se llenaba de personas o parientes en ocasión de su cumpleaños, de una fiesta o porque venían a encontrarme mis amigos cuando yo volvía de vacaciones a Italia.

Esa expresión me volvió a la mente y al corazón cuando inició nuevamente la experiencia de casa de discernimiento en nuestro Uruguay. Los tres jóvenes llegaron y en pocas horas, voces, risas, maletas, paquetes y músicas varias llenaron las paredes de la casa. Se los escuchaba charlar entre ellos para ponerse de acuerdo sobre cómo organizar la pieza, sobre cuál era la cama de cada uno, aceptar con humor también las dificultades del poco espacio para quien hasta hace unas horas antes tenía a su disposición una pieza entera… Me parecía volver a escuchar la experiencia de los primeros oblatos en aquel lejano 25 de enero del 1816, sus risas y alegría de estar juntos…

Ya con p. Marcos hace algunas semanas estábamos viviendo juntos en la casa, que en estos años ha sido el lugar donde dos de nosotros oblatos, volvíamos simplemente para dormir por las noches o pasando en breves momentos del día. Para nosotros acá en Uruguay la experiencia de casa vocacional, de lugar donde a través de la experiencia comunitaria se puede hacer un proceso de discernimiento, no es algo constante. Nuestra sociedad secularizada no alienta al discernimiento vocacional… pero al mismo tiempo este clima ayuda para un discernimiento previo de las motivaciones de quien inicia este camino de vida comunitaria.

Fernando, Aníbal y Agustin son los tres jóvenes que este año iniciaron este camino. Junto con p. Marcos (responsable de la casa) y conmigo buscaremos estar atentos y discernir lo que Dios quiere decir al corazón de estos jóvenes, ayudarlos a que se haga realidad la frase de Eugenio que ellos mismos eligieron: “Sean velas encendidas y no mechas humeantes”.

P. Mingo omi

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