sábado, 2 de abril de 2011

CERCANIA CON LOS HERMANOS QUE SUFREN

 A proposito de los hermanos que sufren, he leido varios pensamientos sobre el tema. También porque a estar metido en esta responsabilidad en la provincia, me da un poco motivos de reflexión. En los últimos meses varios hermanos nuestros están  engrosado la lista ya gruesa de hermanos sometidos al sufrimiento y dolor por diferentes enfermedades.
Dice el cardenal Martini que “la salud es el silencio del cuerpo; un silencio del que se sale cuando se enferma, cuando se advierte el dolor físico”. En algunos de nuestros hermanos el cuerpo ha roto ciertamente su silencio y está hablando a gritos; es como una rebeldía del que hasta ahora ha sido devoto y fiel servidor, silencioso y discreto.
Señala también Martini que “la enfermedad no es simplemente un problema de medicina: es una petición de ayuda, de amor, de sentido”. Y dice: “el enfermo, si es ayudado, puede llegar a ser un reclamo potente para todos, expresando desde el propio corazón los sentimientos ignorados y desatendidos, como el valor, la esperanza, el soporte no resignado”.
Quienes han tenido frecuente trato con enfermos saben muy que lo que en verdad duele a los que tienen precaria salud es la soledad y el abandono, experimentar que la más difícil travesía de la vida, la del dolor, esa en la que se necesita estar acompañado y atendido, la tienen que realizar en una soledad similar a la del crucificado que pide cuentas al Padre por su abandono.
Esta cruz de la enfermedad sólo es llevadera con cirineos que la sostienen. Por eso quiero invitar a todos a tener muy presentes a estos hermanos nuestros. Debemos ser particularmente compasivos con ellos compartiendo su pasión en la oración diaria de todos por ellos. Y pido a los religiosos de las comunidades en las que estas hermanos pasan su convalecencia quecompartan su pasión, además de con la oración, extremando sus atenciones y acompañamiento. Sabiéndose muy, y bien, queridos por sus hermanos, la experiencia de la enfermedad podrá también convertirse para ellos en ocasión de gracia y en fuente de calma, de serenidad interior y hasta de buen humor mitigándose así el sufrimiento y el dolor.
A estos hermanos quiero decirles que les tenemos muy presentes cada día, que pretendemos que su sufrimiento se convierta en alegría y en paz al tiempo que les invito a reforzar su oración en este tiempo porque sólo desde ella podréis decir como Pablo “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24)
El consejo provincial teniendo en cuenta que en el futuro el número de religiosos que necesitarán atención ha de crecer aceleradamente, estudia cuál es la mejor manera de afrontar esta situación. En este sentido durante este Consejo Provincial tanto el ampliado como el propio consejo provincial he tenido varios pensamientos con relacion a nuestros hermanos mas probados. Espero que estas reflexiones sean tambien una aportación a la reflexion sobre los mismos. No olvidemos aquella frase que alguien dijo: "Todos tenemos plomo en el ala"; pero en sentido positivo, hay que decir que no estamos ninguno de nosotros exentos de esta llamada del Señor. Al final de la tarde se nos examinará del amor. Lo que hagamos por nuestros hermanos probados con la enfermedad será una asignatura de la que tendremos que salir airosos en ese examen final. Un abrazo.
Octaviano OMI

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