jueves, 5 de mayo de 2011

Ha fallecido un hombre bueno: El Padre Acacio Valbuena Rodriguez

Ha sido para nosotros los que le conocimos un modelo de religioso. Entregado, valiosamente apreciado por todos los que le conocimos. Un gran apostol, un misionero de cuerpo entero. Los ultimos años de su vida, llevó con mucha paz la noticia de una enfermedad que le hizo estar más preocupado de si, porque siempre se había preocupado más de los demás que de el mismo.

Un hombre valiente. Recuerdo cuando le dije que teníamos que ingresarlo. Fue el día 2 de Mayo. Cuando cerrabamos las puertas de su habitación miró hacia atrás y dijo: "deja todo como está , cierra la puerta y coge las llaves. Entregaselas al economo de la casa y si vuelvo ... y no dijo más... y soltó una lagrima. Posiblemente presumía ya su final.

Cuando le ingresaron dijo: "Yo no creo que este tan grave, pero si me ingresan es por algo. Diles a todos que este tiempo lo voy a utilizar como un tiempo de retiro espiritual". 

Asi fue. Dos noches que estuve con el en el hospital me pedía que rezaramos una salve antes de dormir. Recé agarrado a su mano el ultimo día las visperas. Despues acabamos y me dice: por que no rezamos el Oficio de Lectura. Al final dije yo por que no rezamos las completas... y se durmió. 

Despues comenzaron los dolores , las zozobras, los desasosiegos. Ponme de lado, pon la cama más arriba, pon la cama mas abajo.... no se encontraba a gusto en las posturas y se ponía nervioso. Pedí que le pusieran un calmante y durmió toda la noche. Pero a la mañana le pregunté que tal había dormido y me dijo: " creo que mañana no hace falta que vengais"; quizá el Señor me está ya preparando, porque por lo que intuyo lo mio es más grave que lo que parece. Así fue. 

El día 4 de mayo a las cinco menos cuarto entregó su espíritu. El ecónomo de la casa estaba a su lado. Fue muy rápido el desenlace y el nos comentó que terminó rezando las letanías... entregando su alma al Creador. Ya convencido que no volvería a casa para jugar la partida, para escuchar la radio, para comentarnos las ultimas noticias. Me imagino que tambien pensando en quien se iba a encargar de Martín, otro enfermo de la comunidad al que estuvo siempre atendiendo mientras estuvo convaleciente. 

REQUIEM AETERNAM DONA EI DOMINE, ET LUX PERPETUA LUCEAT EI REQUIESCAT IN PACE 
Rogamos una oración por el Eterno descanso del que fuera mi maestro de novicios. El se sentía orgulloso de sus novicios. Doy fe.

En su oración ante el Señor intercederá por todos los que han convivido con El, y habrá visto la Gloria de Dios y al Padre Eterno que le ha recibido en su paz. María a la que siempre amó y a nuestro Fundador del que siempre estuvo orgulloso y al que invocaba como nuestro Padre Fundador le habrán recibido en las mansiones eternas. Amen. 
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Octavio OMI

2 comentarios:

  1. Me emocionan todas las noticias en torno a la salida para el Cielo de nuestro querido P. Acacio. Firmo cuanto se escribe sobre él. Yo tengo tantas cosas que agradecerle... El P. General perdió su sonrisa habitual para reflejar en su rostro el sentimiento de pena: "Es hermano del P. Luis Valbuena, ¿no?", me dijo. Ayer, 5 de mayo, presidí la Misa en el Escolasticado Internacional Romano y la aplicamos por él. Esto me dio la oportunidad de evocar su semblanza y sus servicios a la Congregación y a la Iglesia. Yo ya le encomendé la beatificación de nuestros Mártires, tan querida y esperada por él, para que nos eche una mano ante una inesperada dificultad que la entorpece. Padre Acacio, d.e.p. y rece por nosotros. Joaquín Martínez Vega OMI

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  2. Me conmocionan las noticias y comentarios a la partida para el Cielo de nuestro querido P. Acacio. He expuesto su foto y noticia en el tablero de anuncios de la Casa General y del Escolasticado Internacional Romano. Ayer presidí la Eucaristía, que aplicamos por él, y esto me dio la oportunidad de evocar una breve semblanza y sus múltiples servicios a la Congregación y a la Iglesia. Seguro de la posibilidad de su intercesión, yo ya le he encomendado la beatificación de nuestros Mártires (que topa con una obstrucción inesperada) a los que tanto quería y admiraba. El P. General perdió su habitual sonrisa para reflejar en su rostro un sentimiento de pena. "Era hermano del P. Luis Valbuena, ¿verdad?", me dijo.

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