jueves, 8 de septiembre de 2011

“¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!”


Como si fuera ayer, sigue repitiéndose en nuestro corazón esta antífona del Salmo 125. El 8 de septiembre celebramos que hace diez años nació nuestro Instituto de las Misioneras Oblatas de María Inmaculada. Muchos de vosotros seguro que recordáis la celebración en la que las primeras Oblatas hacíamos nuestra profesión religiosa. Fue para todos una celebración emocionante, donde se reunían muchos sentimientos y expresiones de cariño y gratitud… Las promesas de Dios siempre se cumplen, lo que Dios nos había prometido y el deseo que había sembrado en nuestro corazón se hacía realidad… ¡Somos Oblatas!
Acababa de nacer una nueva Congregación religiosa en la Iglesia. Un joven Instituto que tendría que dar sus primeros pasos, poco a poco ir afianzándonos cada vez más en la llamada del Señor; construyendo día a día la vida de nuestras comunidades; buscando en cada cosa, en cada decisión, la voluntad de Dios; descubriendo las primeras urgencias misioneras y acogiendo la llamada que Dios iba haciendo en el corazón de otras jóvenes, que como nosotras querían abrazar la vida religiosa viviendo el carisma oblato.
Recuerdo las palabras con las que el Cardenal de Madrid comenzó su homilía en la celebración de los votos: “Habéis encontrado el Amor”, y pasado el tiempo nos hemos quedado con El y en El. Es el Amor que nos sigue llamando hoy, que debe ocupar el centro de nuestra vida y de nuestra misión y el único al que tenemos que consagrar todas nuestras energías, toda nuestra persona. Solo el Amor es el motor que nos lleva a anunciar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que son amados de Dios.
La aprobación de la Iglesia nos dice a las Misioneras Oblatas de María Inmaculada, que nuestras Constituciones y Reglas son un camino de santidad, para nosotras y para todas aquellas a las que el Señor llame a unirse a nuestro Instituto Religioso. Nuestra principal misión es vivir profundamente el don de Dios con radicalidad, entrar en su misterio y dejarnos hacer, como María, por la gracia del Espíritu Santo.
Agradecidas a Dios por el Don recibido, nos sentimos urgidas a poner nuestra mano en la del Maestro y a seguir caminando ancladas en la Providencia, que nunca defrauda.
Gracias por vuestras oraciones por todas nosotras.

Marimar Gómez
Misionera Oblata de Mª Inmaculada

1 comentario:

  1. Muchas felicidades para el 10º aniversario y que este amor de Cristo que han encontrado nos siga llenando de su fuerza vital! P. Guillermo Steckling o.m.i.

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