lunes, 12 de diciembre de 2011

Sobre los mártires


visto en www.archimadrid.es




“Los testimonios que han dejado los religiosos Oblatos que serán beatificados el sábado son de una conmovedora actitud ante el martirio” (Mons. Antonio María Rouco Varela, Card. Arzobispo de Madrid)

 

Señor Cardenal, muy buenos días. Estamos en el tercer domingo de Adviento, ya dentro de muy poquito tiempo, nos estamos ya preparando para la venida del Señor…

Claro, ya la Liturgia de este domingo está toda llena. El Señor está cerca, está a punto de llegar y eso supone litúrgicamente, pero también espiritualmente e, incluso, desde el punto de vista personal, más íntimo y más humano para los que creen en Él, que la esperanza es la que nos señala el camino del futuro y que apostar por Él siempre abre los caminos de la historia, como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia del cristianismo.

Todos los grandes testigos del amor de Cristo, que lo esperaron, lo recibieron, lo acogieron y, luego, lo anunciaron, al final fueron siempre testigos de esperanza para todos los demás, para la Iglesia en primer lugar, para los creyentes, pero también para los no creyentes y para la humanidad entera.



Cerramos una semana hondamente espiritual porque como siempre en el camino hacia el 24 por la noche se nos cruza esta fiesta maravillosa, que es la Inmaculada Concepción de la Virgen. Este año con un marcado carácter juvenil por la Jornada Mundial de la Juventud…

Exactamente. Es una fiesta que encaja muy bien en el tiempo litúrgico del Adviento porque Ella es la persona clave para que el Señor venga. Es el primer ser humano que vive y experimenta una cercanía de Dios tan extraordinariamente honda, superadora de todo lo humano, que le da la vida al Hijo de Dios, la vida humana, la Carne y la Sangre le da al ser humano.

Más cerca que María nunca pudo estar nadie, por lo tanto, si hay alguien que protagonice y pueda servir también de protagonista y modelo para vivir el Adviento es Ella. Tal como Ella lo recibió, mejor dicho, tal como Ella lo esperó, así tenemos nosotros que recibirlo a Él y esperarlo a Él.



Dentro de muy poquito tiempo, ya el domingo que viene, va a tener lugar la beatificación de los mártires Oblatos de María Inmaculada, que es un buen grupo de jóvenes, además…

Es la segunda beatificación que tendrá lugar en la Catedral de Madrid en estos poco más de dos meses pasados desde la de nuestra hermana de la Congregación de la Siervas de María. No era mártir, fue una testigo excelente de la caridad.

Efectivamente, el domingo que viene celebramos una beatificación de 22 mártires oblatos de María Inmaculada y un seglar, que era amigo de ellos, les visitaba en su Capilla de Pozuelo. Era padre de familia, adorador nocturno y llevado también a la muerte con los padres. Son todos, curiosamente, muy jóvenes, casi como si viésemos de nuevo cómo la juventud y los jóvenes tienen esa capacidad enorme de comprender lo que es amar a Cristo y dar la vida por Él.

Lo que habían hecho en los pocos años que habían transcurrido desde su llegada a Pozuelo –la comunidad se abrió en el año 1929, habiendo transcurrido desde su entrada a Pozuelo y la tremenda persecución religiosa que le acompañó desde su principio pues son detenidos 7 el día 20 de julio me parece y llevados al martirio y luego los otros, curiosamente cuatro días después son liberados de la cárcel o del sitio donde los tenían presos en Pozuelo los milicianos pero les sometieron a unas torturas terribles y entre el 7 y el 24 de noviembre fueron todos asesinados, curiosamente les decían que iban a ser puestos en libertad lo que los guardianes de las cárceles donde estaba retenidos, creo que una era San Antón pues les decían y les leían la lista de los presos en este caso de los Oblatos, los 22 puestos en libertad pero los llevaban para fusilarlos. Prácticamente todos en Paracuellos. Son todos muy jóvenes entre 18 y 30 años solo hay de los 22, 3 de 40 años y uno de 50, el padre Provincial, el Padre Rector. Muchos no estaban ordenados. Los testimonios que han dejado son de una conmovedora actitud ante el martirio, lo esperaban. La atmósfera estaba tan envenenada en aquellos meses de la primera mitad del año 1936 que no se extrañaron que les llegase la hora de la detención y del martirio.

Algunos se lo contaron a sus familiares pero que mejor que morir así o que vivir muriendo así por Cristo. Dos que se pudieron librar, en un grupo de 38, algunos decían que pena que nosotros no hayamos podido vivir el martirio porque nuestra entrega al Señor habría sido más clara, neta y total.

Todos murieron perdonando, sin rechistar, sin renunciar a su sacerdote, ni a su futura vocación.

Es un capítulo de la una historia, también diríamos un modo navideña, en el sentido que nos dicen bueno cuando se conoce y se le espera a Cristo pues uno no tiene miedo para correr al encuentro de Él, sobre todo cuando el amor a Él lo exige, a Él y amarle a ÉL, a todos los demás. Un mártir en definitiva dar la vida por Cristo la une a la ofrenda que Cristo hizo de su mismo vida en la Cruz por todos y de ese modo ver en ellos una ofrenda de la vida que se une a la del Señor para el bien de todos

Lo vamos a celebrar con mucho gozo, presidirá el Cardenal Prefecto para la Congregación de las Causas de los Santos y yo invito a todos los madrileños a que acudan a la Catedral de la Almudena el sábado que viene. Será una ceremonia llena de emoción de piedad, de fe, de amor y de reconciliación, de Navidad, el Señor viene de nuevo.

 

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