martes, 4 de diciembre de 2012

Adviento: "Porta fidei" para encontrar a Belén




Comunicado del P. Provincial 

Queridos hermanos Oblatos y Laicos Asociados,

Os escribo en el día de la solemnidad de Cristo Rey, en un momento de pausa de la sesión de formación para los nuevos Superiores Mayores de la Congregación, que estoy viviendo, en la Casa General, junto con los padres Gennaro Rosato e Ismael García, Vicarios de nuestra Provincia, y con el padre Bruno Favero, Superior de la Delegación de Senegal-Guinea Bissau.
La liturgia de hoy es formidable para repensar el año Litúrgico que está concluyendo, invitándonos a meditar sobre el camino recorrido, sin olvidarnos de dejarnos juzgar por el Evangelio que nos interpela sobre cómo hemos vivido la fe, o sea, nuestra relación con el Señor Jesús y con cuanto Él ha puesto en nuestra vida de cada día.
Pero estoy convencido de que, también para vosotros, esta solemnidad, más que hacernos mirar hacia atrás, empuja el alma a dirigir la mirada hacia delante, a ponernos a la espera del nuevo Año Litúrgico para contemplar la "Puerta de la fe” que se nos abre sobre los "Misterios" que el Adviento encierra y anuncia, ayudándonos a hacer auténtica nuestra vida cristiana. Una vida cristiana, consagrada o laical, que debe ser "bella y buena", como lo es la que el Adviento proclama al presentarnos a la Mujer humilde y pura de Nazaret e, introduciéndonos en el tiempo litúrgico de la Navidad, haciéndonos vislumbrar la inocencia del Niño de Belén, la humanidad de su familia y la sencillez de vida de todos los que, como protagonistas, constituyen el mundo encantado del Pesebre, desde los sencillos pastores hasta los doctos magos.
Qué la liturgia del Adviento, penetrada de la Palabra de Dios, nos conduzca a Belén para contemplar el rostro de "Aquel Niño" que nos presenta la imagen de Dios, su bondad, su deseo de hacerse conocer para ser reconocido como el “Dios con nosotros y por nosotros."
Dejémonos, pues, conducirnos a Belén con "mucho gusto" para ver la Vida, frágil pero inocente, para contemplar un acontecimiento histórico, pero sobrenatural. Vamos a Belén para dejarnos asombrar, una vez más, por todo lo que Dios hace por nosotros, para hacernos humanizar por el Bien que  emana de una gruta que quedará para siempre como el lugar más creíble para entender el regalo de la paz. Vamos a Belén para aprender, como decía Pablo VI, qué significa vivir y como se vive, aprovechando una mirada furtiva para confiarnos y confiar, hasta osando hacer una plegaria para entregar, al misterio de aquel nacimiento, la suerte del mundo y la entera creación, que necesitan, ayer como hoy, de salvación del mal. ¡Vamos a Belén! Vamos a ver cuán grande y bello es el misterio de la fe cristiana y así poder decir: "¡Uno de nosotros es Dios!".
Espero que en cada comunidad oblata, en cada familia, sea preparado un belén y que se convierta en un "lugar santo", dónde, cada día, quedarse en recogimiento aunque sea por pocos instantes; para escuchar en silencio los sentimientos más verdaderos de nuestra alma, a lo mejor alcanzando alguna esperanza, intuyendo que Dios es Providencia y que hace maravillas inesperadas. Tal vez: pararse delante del Belén para hacer un poco de oración, también para disculparse, no sólo a Aquel Niño, por no saber darse tiempo para observar el cielo, dónde las estrellas, compañeras de aquel Cometa, no paran de anunciar que Dios existe y que no nos es hostil; más bien, que quiere hacerse compañero de viaje de nuestra existencia.
Todavía, propongo, al menos dónde sea posible, que los días de fiesta, durante el Adviento y el tiempo navideño, sean vividos en comunidad, compartiendo momentos de oración, de alegre hermandad, de relax y de diversión, evitando fugas individuales para privilegiar la familia carnal o la invitación de amigos acogedores. La conciencia de ser llamados al ministerio pastoral en las comunidades creyentes, que se hacen numerosas durante los tiempos fuertes del año Litúrgico tal como el empeño en experimentar un fructuoso recorrido de fe, viviendo comunitariamente la oración y las celebraciones litúrgicas, miden el índice de satisfacción acerca de nuestra voluntad de construir una real vida de familia, donde "todo es en común”, porque somos hermanos por la vocación recibida y el carisma compartido.
Buen Adviento a todos, junto a Aquella que, por haber creído, se ha hecho "Palabra acogida y Palabra devuelta", como se expresaba el cardenal Eduardo Pironio hablando de María, puerta insustituible para permitirle a Dios  "hacerse uno con y por nosotros." Ella, Inmaculada Concepción, estrella del pesebre, incomparable protagonista en Belén en revelar el rostro de Dios.

Frascati, a 25 de noviembre de 2012
Solemnidad de Cristo Rey
En J.C. et M.I.




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