martes, 14 de abril de 2015

Traspasar las fronteras para una nueva Europa


Difícil resumir la conferencia del P. Pierre de Charentenay, SJ sobre la Iglesia en Europa hoy. Nos conformaremos con subrayar su intuición esperanza de que a pesar de las muchas dificultades y retos que presentan nuestras sociedades, se ofrecen nuevas posibilidades para presentar el mensaje evangélico a condición que nuestra palabra sea coherente, competente, fiel a la Iglesia y aceptando el reto de la visibilidad. A ellos nuestro trabajo en grupos lingüísticos (3 en inglés, 2 en francés y uno italiano-polaco)  añadieron estar cerca de la gente, el testimonio profético en comunidad, la humildad en la propuesta del Evangelio y volver a nuestras raíces, esto es, a vivir el Evangelio con mayor radicalidad.

La tarde comenzó con el testimonio de los PP. Joseph Iurudaya y Alex Joseph (por videoconferencia) como misioneros procedentes de otras Regiones que viven en Europa. Testimonio que animó una viva conversación destacando los aspectos positivos y negativos de sus experiencias y lo que tendríamos que mejorar en este proceso de intercambio de personal entre las Unidades de la Congregación. EN los grupos, en una muy animada conversación, se profundizaron los diversos temas de este complejo proceso: los oblatos que vienen, su preparación y sus motivaciones; los oblatos y comunidades que reciben y su necesaria apertura y preparación para permitir a cada uno aportar lo mejor de sí mismo en la nueva misión; las estructuras más adecuadas y el diálogo honesto entre Provinciales en todo el proceso. En definitiva, buscamos responder como Congregación a una necesidad misionera: nuestras sociedades son cada vez más multiculturales y una comunidad multicultural puede ser una respuesta como signo profético y fuente de esperanza evangélica. El P. Marek Jazgier, secretario general, nos recordó las políticas del gobierno central para los oblatos que viven temporalmente (máximo tres años) en otras Unidades distintas de las suyas de origen.
 


Día intenso culminado con la Eucaristía en que el celebrante nos invitó a pedir perdón teniendo en nuestras manos la cruz oblata de San Eugenio De Mazenod. Siempre conmueve tener en nuestras manos esta cruz que nos llama a vivir nuestro carisma con mayor generosidad. Al final del día uno se pregunta, ¿cuál será el siguiente paso que debemos dar para “aterrizar” nuestras discusiones? Parece ser que en los próximos días habrá momentos en que todos los participantes puedan hacer propuestas concretas a los Oblatos de Europa y al gobierno central.

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