domingo, 23 de agosto de 2015

PilgrimAIX - II - Testimonio de Lorena

Lorena, joven malagueña ligada a la Pastoral Juvenil de los oblatos en la comunidad parroquial de la Esperanza y San Eugenio de Mazenod en Málaga, comparte con nosotros en este segundo testimonio lo vivido en la peregrinación de la Juventud Oblata a Aix-en-Provence.

Cartel de la peregrinación de jóvenes a Aix-en-Provenza y Lorena.
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Como joven ligada al carisma, siempre me ilusionó la idea de visitar Aix y Marsella. Sin embargo, curiosamente, cuando se me propuso la idea de asistir al encuentro europeo de jóvenes, que iba a ser allí mismo, mi primera respuesta fue “no”. Sopesé ciertos aspectos y circunstancias y tomé una decisión pensando que “seguro que en otra ocasión tendré la oportunidad de hacerlo…”.

Hoy sé que no tuve en cuenta todos los factores y es que… ¡me estaban invitando a vivir un encuentro europeo de jóvenes oblatos en las ciudades más importantes de la vida del fundador! Al final, y sabiendo que en el fondo era donde debía estar, acepté.

Todos los peregrinos en la tumba de San Eugenio.

Ha sido increíble pisar el suelo por donde él caminó, rezar donde él tanto rezó por sus oblatos y donde sintió que la Virgen le sonreía, donde formó la primera comunidad… y más increíble y emocionante si cabe, cantar con más de 40 jóvenes oblatos que representan a otros muchos más, casi 200 años después  ci sia tra voi la caritá delante de su tumba. 

 Los lugares de Aix hablaban por sí solos.

No pude dejar de dar gracias a Dios por cómo fue, por cómo lo hizo, por su carácter fuerte y su gran empeño en hacer llegar la Salvación, porque gracias a eso yo estaba allí, compartiendo con tantos otros un carisma que nos hacía vivir la eucaristía con una alegría contagiosa, que nos hacía rezar delante del Santísimo con ese sentido de familia y de unidad del que seguro se siente orgulloso. 


Repetía mucho delante de su tumba: Míranos, aquí estamos… mira a tus oblatos, gracias a su celo por la Salvación de las almas es que estamos aquí. 

Ya de vuelta, dar las gracias primero a los oblatos por la oportunidad que se me da continuamente y porque si se hubiesen conformado con mi “no”, no estaría escribiendo esto. También a Gonzalo, a quien conozco desde hace menos de una semana. Ha formado gran parte de esta experiencia  y hemos compartido mucho a pesar de cronológicamente parezca raro e incluso difícil.

 Compartir de muchas formas diversas.

Me traigo no sólo la nostalgia por todo lo que allí se ha quedado de cada uno de nosotros, sino también mucha ilusión y muchas ganas de continuar con esta misión viviendo la caridad, la caridad, la caridad y el celo por la salvación. 

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