viernes, 4 de septiembre de 2015

Retorno del Viaje Misionero a Uruguay. 3 Testimonios.

Del 8 al 27 de agosto tuvo lugar el viaje misionero en Uruguay organizado por la Procura de la Provincia Mediterránea con la participación del p. Adriano Titone con tres laicas de Italia, Milena Bianco, Elvira Petrone, Nietta Albanese  y del p. Tino Migliaccio con tres laicas de España (Pozuelo), Mercedes Ossorio, Cristina Centenera, Teresa Macicior. A continuación las experiencias de los del grupo español.





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Una triple alegría

Para mi este viaje misionero ha sido motivo de una triple alegría. La primera alegría por haber tenido la oportunidad de volver a un lugar donde como escolástico estuve de regencia en el año 2003-2004 antes de los votos perpetuos y el sacerdocio. Volver allí en Uruguay después de casi doce años y encontrarme con personas con que compartí un año de mi vida ha sido una alegría inmensa y no paraba de sonreír y asombrarme por la misma acogida, cariño y amistad que me mostraban como la que experimenté en aquel entonces. La segunda alegría por haber tenido la oportunidad de compartir este viaje con Mercedes, Kity (Cristina) y Teresa de Pozuelo, lugar donde como oblato vivo desde apenas un año, y que juntos con ellas formamos parte del grupo Talitakum Pozuelo nacido gracias al Centro Educativo Talitakum Uruguay que hemos tenido la suerte de conocer cara a cara. La tercera alegría por haber tenido la oportunidad de compartir este viaje con el p. Adriano, Milena, Elvira y Nietta como un signo importante de comunión concreta entre Italia y España a la luz de la unificación. Doy gracias a Dios por haberme dado esta oportunidad de vivir esta triple alegría que solamente Su Inmenso Amor y Bondad hubiera podido regalarme.

p. Tino Migliaccio omi




Viaje

Esa es la palabra que me vino a la cabeza cuando me dijeron que resumiera la experiencia vivida en una palabra. Un viaje que empezó hace mucho tiempo, tanto que no puedo ni recordarlo. Se materializó cuando en Roma conocí a las que serían mis compañeras de viaje durante una temporada. Comprobé que todas íbamos por el mismo camino. Todas éramos juncos llevadas por la misma corriente y conducidas por Dios. Más tarde a miles de kilómetros de nuestros "hogares" descubrimos otros muchos juncos en este río que es la vida. Unos van juntos como los Oblatos y con los Oblatos, otros no sabían ni que estaban dejándose llevar por la corriente pero sabían, confiaban y amaban el agua en el que estaban y otros muchos que veías atascados, perdidos, sin dignidad ni fuerzas o ganas de salir adelante frente a las aguas turbias y revueltas. ¿Cómo seguir adelante sin pararte? ¿Cómo no tender la mano? ¿O quizá éramos nosotros los que necesitábamos de esa mano?, ¿de esa ayuda?, ¿de ese amor? A día de hoy creo que puedo decir que el amor entregado y recibido hará que nos necesitemos siempre, que nos unamos más para continuar hacia el mar y que en esta unidad sin kilómetros ni fronteras encontraremos la fuerza para la tempestad.

Que resuma la experiencia en una palabra es imposible. Paz, familia, confianza, AMOR...
Viaje, viaje es la palabra con la que me quedo y con la que San Eugenio empezó todo.

Mercedes Ossorio



Una experiencia preciosa y enriquecedora

Previamente al viaje, uno se forma expectativas, se imagina como va a ser, las cosas que va a tener que hacer y el tipo de gente al que va a conocer; la realidad supera siempre a la imaginación. El viaje a Uruguay ha sido una experiencia preciosa y enriquecedora. Personalmente, supuso un paso hacia la madurez, atreverse a dejarlo todo y a darse por los demás aunque luego seas tú el que salga ganando. Vimos una realidad distinta a la que estábamos acostumbrados; vimos una zona excluida dentro de una ciudad desarrollada donde encontramos extremos (casas viejas y en mal estado y casas que pertenecían a lo que denominaríamos clase media). Este paisaje dentro del Cerro, nos sorprendió; nos sorprendió estando dentro y desde fuera, porque cuando le decías a la gente que habías estado allí, muchos se escandalizaban y prácticamente todo el mundo con el que hablamos no había visitado esa zona nunca. Luego entras dentro y te das cuenta que a pesar de vivirse una realidad que en muchos casos es violenta y desafortunada, hay más. Hay muchísima gente que quiere ayudar y que quiere ser ayudada. Y ahí estas tú, jugando con niños toda la tarde que te dan la mano y te preguntan que por qué hablas raro. Un montón de cabecitas que se pelean (como cualquier niño en todo el mundo) por un poco más de atención. A pesar de venir de un lugar latino, por lo que en teoría somos calurosos, me impresionó bastante la acogida de la gente; así, sin más, te habrían la puerta de tu casa o se te acercaban en misa para preguntarte de donde venías y esperando que pasaras un buen tiempo durante tu estancia. Este viaje ha sido un boom cultural en el que hemos podido aprender a apreciar las diferencias entre nuestros países y abrir miras, dándonos cuenta que no todo es blanco o negro, y que por ejemplo, una palabra que en España es un simple verbo ahí significa algo diferente. La comida, el clima, EL MATE...


Convivimos unos con otros, cosa que también formaba parte de la misión y cuya finalidad era la de aprender a vivir en comunidad, querer a otra persona con sus defectos y manías, con la que no estás emparentada y por lo tanto en otra circunstancia no tendrías que "aguantar"; también es una prueba para conocerte a ti mismo y ver cómo eres en un ambiente de compartir con otras personas. Todas estas cosas que hemos vivido (visitar familias, las distintas misiones dentro de Uruguay de los oblatos y como se organizan, ir a Caifs a jugar con los niños pequeños, participar en actividades de la comunidad como el día del niño o una venta de ropa), nos han demostrado que Dios no está solo en las personas, sino también en las obras, todo aquello hecho con amor y dedicación es una impresión de lo que él ha dejado en el mundo.

Cristina Centenera

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