jueves, 7 de septiembre de 2017

GECO: Jóvenes Oblatos europeos en Aix-en-Provence


GECO es el nombre italiano para el encuentro de jóvenes europeos del carisma oblato que se celebró en Aix-en-Provence.

¿Cómo no iba a querer participar?

De España fuimos dos jóvenes, Elena y yo con un oblato, Antonio D'Amore

El GECO para mí ha sido una experiencia preciosa. Cada día tratamos sobre un pilar de la vida de San Eugenio: infancia, familia, comunidad, la cruz, María Inmaculada... 
Ha sido un regalazo por tantos motivos que me faltaría blog para expresarme. 

En primer lugar, una de las cosas que guardo con más cariño en mi corazón es el sentimiento de familia oblata. Éramos alrededor de 50, y pudimos compartir con casi todos durante la semana. Estuvimos con jóvenes checos, alemanes, franceses, italianos, ucranianos y polacos y tuvimos tiempo para hablar con ellos sobre sus experiencias de fe, su caminar con los OMI... Qué regalazo sentir que no estamos solos. 

Es tan bonito sentirse en casa y en familia allá donde vamos... es tan bonito que no haya ningún tipo de barreras cuando Él está en el centro... 

Además, qué maravilla poder vivir ese sentimiento en Aix, donde empezó todo... en la casa donde San Eugenio junto a Tempier y otros jóvenes empezó la congregación. Fue precioso ver la humildad y la sencillez con la que decidieron entregarse a Dios por completo. Mientras veíamos la casa nos contaban que mucha gente que los conocía los llamaba locos... pero, ¿cómo no hacer locuras por Amor? 

Por otra parte, después de la experiencia en Aix me traigo una nueva forma de mirar el mundo, un mirar el mundo a través de San Eugenio. Repasamos los momentos más importantes de su vida, lo que le había hecho ser como era, su ardiente deseo misionero, sus ganas de llevar a Dios al mundo, su fuerza para estar al lado de los más necesitados, su infinito amor a María Inmaculada... Los oblatos nos invitaron a repasar nuestra vida al mismo tiempo. Personalmente, me ayudó muchísimo a recordar cómo me siento llamada a vivir y Ciccio, un oblato italiano, en una homilía nos recordó unas sencillas pautas para vivir como San Eugenio y poder ser luz para los demás: 

-Tenemos que estar dispuestos a atrevernos a salir de nosotros mismos.
- No podemos olvidar que para Dios no hay nada imposible.
- Tenemos que ser jóvenes soñadores, que no se dejan frenar por los límites, apasionados y con ganas de dar testimonio en el mundo.
- Tenemos que pasar la barrera entre ser y hacer. 

Para mí fue uno de los momentos más bonitos del encuentro, que guardo con especial cariño y que me ayudó a redescubrir la importancia de ser jóvenes misioneros en nuestro día a día, con la familia, con los amigos, en la universidad, en el trabajo, en la propia parroquia... Es tan importante dar testimonio en este mundo de prisas del amor y la calma que regala Dios... 

Una de las cosas que más me llama siempre la atención y que allí pude volver a ver es que los OMI siempre dan este testimonio... me asombra la sencillez con la que viven su entrega a Dios, la alegría y el amor que predican y su cercanía. Es una fortuna ser parte de esta familia.

Otro de los momentos más emocionantes para mí fue la Eucaristía en Marsella, junto la tumba de San Eugenio, el ver la alegría con la que cada uno de nosotros, estábamos allí, juntos, diciendo delante de Dios y del fundador que teníamos alma misionera, que estábamos dispuestos a lo que Él quisiera. 


Gracias a esta semana, como decía cuando hablaba del Camino de Santiago, vuelvo a reencontrarme con un Dios detallista, que se hace presente en cada momento en la sencillez más absoluta, en un gesto de cariño, en una sonrisa, en una conversación espontánea a la hora de la comida, en un baile, en un paseo por la ciudad... 

Después de la semana con jóvenes de distintas partes de Europa, sacerdotes, hermanos, una religiosa y consagradas que viven el carisma oblato muy de cerca vuelvo con el corazón lleno de alegría por el tiempo compartido, por la oportunidad de haber estado en Aix y con muchísimas ganas de seguir compartiendo mi camino de fe con los Oblatos y decir como Tempier a San Eugenio cuando le propuso comenzar la congregación: puedes contar plenamente conmigo. 

Gracias a todos los que organizaron el GECO, a los que rezaban por el encuentro, a los jóvenes que dejaron una semana de vacaciones para esos días juntos, y a los que hicieron posible que yo estuviese allí. Gracias por ayudarme a estar cerca de Dios.

Elena y yo siempre decimos que la vida con los OMI es una gymkhana y sólo pido: ¡¡que no deje nunca de serlo!!

María Martín Quirós.

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