domingo, 24 de junio de 2018

Prenoviciado/1 "Admiración y agradecimiento"


Ayer, 23 de junio, se cumplieron nueve meses desde que empezamos la etapa del prenoviciado. Con las clases de la universidad acabadas y dedicando estos últimos días a la preparación de los campamentos oblatos en los que viviremos la experiencia pastoral de verano, el pasado miércoles hicimos una pausa para retirarnos en El Abrojo a hacer la evaluación de este primer curso.

Sólo  encuentro palabras de admiración y de agradecimiento a Dios por todo lo vivido y aprendido en este tiempo. El inicio de la vida en comunidad se ha desenvuelto con mucha naturalidad y me ha permitido madurar a buen ritmo afectiva y espiritualmente. El Señor ha tocado mi corazón con generosidad y ha realizado las cosas incomparablemente mejor de lo que podíamos haber pedido o imaginado (Efesios 3, 20).

El Espíritu ha sido derramado en mi vida y ha ido modelando mi corazón en este primer tiempo. Un tiempo de profundización en nuestra historia de vida, para situarnos en la verdad de quienes somos, con nuestros defectos y nuestras cualidades; un tiempo de transformación del corazón, a través de la Eucaristía, la oración personal de cada día con la Palabra de Dios, las formaciones, etc.; en un corazón más humilde y entregado a Dios y a los demás. Y por último, un tiempo de entendimiento que me permitiera ver más allá de mis esquemas y de mis concepciones preestablecidas, para identificar la sutil presencia de Dios en mi día a día e invadiendo mi vida con una paz profunda y genuina que ha llenado de consuelo esta etapa del camino de discernimiento.

Finalmente, sólo puedo expresar mi agradecimiento a todos los Misioneros Oblatos que con su ejemplo han ido enseñándonos cómo se vive el carisma. Me siento un privilegiado por haber podido compartir momentos de comunidad con todos los oblatos que están en España y haber podido conocer a los que, estando de misión, nos han visitado cuando han pasado por Madrid.

Muchas gracias, por último, a los miembros de la parroquia de San Leandro y a la comunidad oblata de Aluche que desde el principio nos ha acogido haciendo que nos sintiésemos como en casa. A los padres Rafa y Carlos, al hermano Nicolás y en especial a los padres Javier y Amador, nuestros formadores. El día a día como miembros de la comunidad ha sido el mejor testimonio de la vida religiosa a la que el Señor me llama y, en mi opinión, una concreción modélica por parte de la Congregación de la invitación que Jesús nos hace en el Evangelio con su Ven y verás (Juan 1, 46).

Gonzalo García, prenovicio.

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