Almeriense con los Almerienses
Reza la Palabra que quien dona su vida por el Evangelio recibirá el ciento por uno (Mt 19,28)
Aunque muchas veces no hacemos nada por tales méritos, Dios no se cansa de sorprendernos con su amor. Básicamente este ha sido el sentir de los misioneros oblatos que junto con dos laicos oblatos (Rosa de Málaga y Carlos de Madrid) hemos participado en una misión popular en la parroquia de San Ildefonso de la ciudad Almería del 9 al 16 de marzo. ¡Así es!, como lo estáis leyendo hermanos; hemos vuelto al ruedo con las misiones populares, y ¡vaya retorno!
Una experiencia en la que el protagonista ha sido el Espíritu Santo que no deja de fluir en la vida de la Iglesia. Desde el primer día de nuestra llegada con la solemne misa de inicio de la misión, hemos percibido la sed y el entusiasmo de los feligreses que junto con su párroco nos han recibido con los brazos abiertos, dispuestos a vivir una semana de fraternidad, un semana de la verdadera Iglesia, como lo estuvo repitiendo Don Ramón.
Todo estaba preparado para que la vida de cada uno de los que estuvimos allí viviera una verdadera renovación muy propicia en este tiempo cuaresmal.
Pero, como dicen los almerienses, “¿edto qué e’?” (Acento típico de las personas de Almería, sería:"¿esto qué es?"), ¿Acaso hemos hecho grandes cosas? Claro que no, sin embargo, como en muchas de nuestras misiones hemos hecho lo que los oblatos sabemos hacer: “estar siempre cerca de la gente”, o recordando lo que decía nuestro hermano Jean Maurice parafraseando al San Pablo, “Almeriense con los almerienses”. Y no es por soberbio que lo digo, sino que ha sido la gente quien nos lo ha manifestado en diversas ocasiones.
Cada una de las actividades se han vivido con un dinamismo propio del Espíritu. Desde las visitas a las familias, especialmente a personas mayores y solas, así como el encuentro con los abuelos de las residencias de la ciudad y de la casa de las hermanas de los ancianos desamparados. Y junto a esto, las asambleas familiares en torno a la Palabra que celebramos durante tres días. Además de la celebración penitencial y el viacrucis donde se evidenció el deseo de la gente de tener un profundo encuentro con Jesús en quien tienen puesta su esperanza.
Este es el ciento por uno que nos llevamos cada uno: los rostros, los gestos, las expresiones y los sentires de alegría y regocijo de las personas al caminar juntos durante estos días, en los que especialmente nosotros, los misioneros, nos hemos sentido evangelizados, pues al final ha sido un encuentro de Jesús con Jesús; el que humildemente intentamos mostrar desde nuestra sencillez y el que ya estaba muy presente en los almerienses que nos interpelaba en múltiples ocasiones. Como muestra de ello es el trabajo que Don Ramón ha realizado con su comunidad, aunando y acogiendo a tantas y tan diversas personas de grupos de apostolado, hermandades, y marginados, propio de alguien entregado a su vocación, y que para nosotros ha sido un ejemplo y una motivación en nuestra vocación.
Gracias a los padres Ismael y Javi que han tenido la iniciativa de reavivar este ministerio en el territorio.
Alabado sea Jesucristo y María Inmaculada.
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