sábado, 6 de julio de 2019

Abre tus ojos

Con la llegada del verano, se abren muchas posibilidades para todos, especialmente, para los jóvenes. Son muchos los que aprovechan de este tiempo estivo para realizar actividades de voluntariado o embarcarse hacia distintas misiones para conocer y colaborar.

Aquí tenemos el testimonio de uno de esos jóvenes, Carlos Pastor, que forma parte de los grupos juveniles de los Oblatos en Pozuelo de Alarcón y que el pasado verano vivió una de estas experiencias.


Hola me llamo Carlos tengo 20 años y hoy soy un aguilucho que te cuenta una bonita experiencia vivida este verano.
Fui a Sudáfrica con los Combonianos.
El verano de 2017 observe como había sido un tiempo en el que mis actividades se centraban en divertirme. “Divertirse no está mal pero no todo puede ser disfrute.” Pensaba para mis adentros en un 2017 lleno de viajes, amigos, familia…

Siempre me he sentido un poco misionero ya que con la suerte que tengo, por ser feliz, quiero transmitirlo a los demás. Contar al mundo que uno es más alegre si escoge a Dios como compañero.
En nuestra familia tenemos mucho contacto con Rafael Armada, misionero Comboniano que está en Sudáfrica. Lo llamamos, Y su entusiasmo tan grande porque fuera, fue una pista muy buena para saber que, ese, era el sitio.

El 9 de agosto era mi cumple y estaba en el aeropuerto para cruzar África entera. En la maleta gigante para todo un mes estaban las ganas de conocer, de hacerme uno con la cultura, de empaparme de la gente de allí, de mejorar el inglés, de ver cómo vivían los misioneros.
Desde mi primer pie pisado en tierra africana tenía bien abiertos los ojos para ver que podía aprender. La historia de Sudáfrica con el racismo me generaba gran tristeza. Un país de extremos. Al llegar, un Comboniano español, Mariano, muy majo y del Atleti como yo, nos acogió en su casa de Johannesburgo como si fuera nuestra. Rafa y él me enseñaron Soweto, dónde está la casa de Nelson Mandela. ¡Qué contraste! ¡Vi en un solo día las casas más lujosas y las casas más pobres en toda mi vida! 

Viajamos hasta la Misión Llamada María Trost (Virgen de la consolación). Esta misión entre otras cosas es una casa dónde la gente tiene retiros y puede encontrarse con Jesús en un ambiente de silencio para escucharle mejor.

Llegados allí era toda una aventura que si no había agua, que si las vacas invadían el terreno por la noche. Las carreteras llenas de agujeros. Al día siguiente… ¡Corriendo con rafa a celebrar misa! Una misa era en el pueblo en inglés y la otra era en zulú (idioma de la zona) en la barriada (casas o chabolas apartadas del pueblo donde viven parte de la población negra, secuela del apartheid). En la eucaristía en zulú no entendía ni pio. Dios se dice Unkulunkulu para que veas el parecido. Pero fue tan bonito compartir la misa de dos horas llena de cantos africanos con la gente de allí. Dios era el mismo para ellos en la otra punta del mundo que para mí. Al final de la ceremonia “Muchacho” hombre grande con mucho carisma me gritaba “Welcome Carlos, ¡this is South Africa, this is South Africa!”.


Cuando llegaron otros dos voluntarios españoles Pascual y Dioni, nos pusimos a trabajar en el colegio al lado de la misión, impartí clases de mates, hicimos actividades lúdicas como juegos tradicionales, deportes distintos (pin pon y bádminton), hacer juegos con materiales reutilizados, aunque eso ya eran expertos ya que hacían coches a base de alambres con sus manos.

Los niños me preguntaban emocionados de si alguna vez había visto el mar. Niños que no tienen dinero ni para el uniforme del cole, que prefieren correr descalzos, que no tienen juguetes, que nunca han salido de su región. Y Esos niños son felices.


Por otro lado, Pascual y Dioni venían con la intención de construir un rocódromo para fomentar la escalada entre los chavales. Pascual es un crack de la escalada y es profe, tiene mucho amor a los alumnos. Y Dioni es un tipo sabio de la vida que sabe mucho de construcción para que aquello que íbamos a hacer no se cayera al tercer día. Fue toda una odisea construir aquello. Pero al final escuchándonos unos a otros y trabajando en equipo lo conseguimos justo a tiempo para dejar nuestra pequeña huella en ese precioso país.





Nos levantábamos a las seis para celebrar la misa a las seis y media, rezaba con la comunidad para poner a Jesús en el centro del día. Y aprendí a rezar de otra forma a estar de otra forma con la gente, con otra disposición, conocer mejor mis virtudes y defectos… ¿Me necesitan ahora? ¿Puedo ayudar a este amigo con estas palabras? ¿Estoy siendo la persona que Jesús quiere que sea? Son preguntas que procuro hacerme para no pensar en mi diversión constantemente. Un camino muy bonito que yo y otros millones de misioneros te invitamos a vivir. ¡VIVELO!




Hicimos mil cosas más que no te he contado. Experiencias misioneras hay en cantidad y sé que te interesan porque tu habrás vivido o querrás vivir algo así de grande como la sencillez del darte. 
Mi experiencia no acabó el seis de septiembre cuando volé de vuelta a Madrid. Ni tampoco acabó el 29 de septiembre cuando reuní a media centena de amigos para contarles mi testimonio, ni acaba hoy cuando te escribo. Es una vivencia que marca para siempre y me encarrila a donde quiero llegar, hacia quien quiero convertirme.

¿Y tú? ¿Sabes que misión no es irte a la otra punta del mundo? Misión es posible en toda circunstancia. 
Ser misionero es vivir pensando en Dios, en los demás y en ti. Querer amar al mundo como lo ama Dios. Eso es muchísimo.


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