viernes, 9 de agosto de 2019

Con los Jóvenes en los Inicios de la Congregación


Tantas veces, en la vida cristiana, la renovación pasa por volver a las fuentes. Los Jóvenes Oblatos de España han querido renovar su fe y su adhesión al Carisma Oblato volviendo a la fuente en la que brotó todo.

Para ello, del 1 al 6 de agosto, ha tenido lugar una peregrinación a la "Tierra Santa" oblata, a los lugares que en Aix-en-Provece y en Marsella han sido testigos del paso de San Eugenio de Mazenod y de sus primeros compañeros.

Para compartir su experiencia, nada mejor que darles la palabra a los mismos jóvenes que han participado de este experiencia de gracia.

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Soy Iván Ramos un joven de la parroquia de Aluche. Para mí, la experiencia de Aix-en-Provence ha sido un punto de renovación de fuerzas, de ilusión y descubrimiento de necesidades de cambio. Pero, especialmente, ha sido una experiencia de descanso, tranquilidad y de amor.

Al principio de la peregrinación estaba un poco desanimado porque la situación que había en mi familia no acompañaba; pero desde el primer momento, una vez comenzamos, sentí una tranquilidad y una paciencia muy grandes. Cuando llegamos, el primer día, estuvimos haciendo una visita por los lugares más importantes de la casa-convento de la Misión, en la que se fundó la Congregación: la habitación del fundador, la sala de la fundación, la capilla en donde San Eugenio y Tempier hicieron sus primeros votos, etc. Fueron momentos de rememorar y sentir agradecimiento porque gracias a ellos yo estaba allí y mi vida era tal y como era.


 La peregrinación, en general, ha sido un tiempo de conocer, hacer oración y convivir. Las ciudades de Aix y Marsella que visitamos son muy bonitas, pero creo que eso es lo más insignificante de todo el viaje, allí he podido disfrutar de momentos de oración en los que me he encontrado cara a cara con el Señor. He podido disfrutar de Su presencia sintiendo como también hacía 200 años en esa misma capilla o en esa misma sala o en cualquier otro lugar de esa misma casa también San Eugenio se había encontrado con el Señor.

En cuanto a la convivencia creo que ha sido algo de lo más importante que he vivido en estos días. Hemos podido revivir la convivencia de los primeros Oblatos entre nosotros como Jóvenes Oblatos. Hemos sido una familia en la que todos íbamos en la misma dirección: cuando uno necesitaba del apoyo de los demás, ahí estaban. He sentido un cariño y un amor fraterno muy grande.  En todo momento me he sentido acompañado por lo demás jóvenes, por los sacerdotes que nos acompañaban y por el Señor.

Ha sido una experiencia que nunca olvidaré.  Estoy muy agradecido a Dios por haberme dado la oportunidad de vivir todo esto y por haber estado presente allí.  Doy las gracias a Dios por todas las personas que han hecho posible esta experiencia,  tanto a la comunidad oblata de Aix, que nos ha cogido y acompañado en nuestra peregrinación,  como a cada uno de los jóvenes que hemos participado puesto que han hecho que realmente fuéramos una auténtica comunidad según el corazón de San Eugenio de Mazenod.


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