La Familia Oblata vuelve a donde todo empezó
Cerca de 40 miembros de la familia oblata de la parte española de la provincia Mediterránea han estado en Aix estos días (del 17 al 23 de agosto) para celebrar de una manera especial el 200 aniversario de la aprobación de las CcyRR de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada por parte de la Iglesia en 1826.
Entre los distinto miembros se encontraban varios oblatos, el provincial, Javier, uno de los consejeros, Ismael y el vice ecónomo, Ventura; también familias y diversos laicos de las distintas partes de España (Málaga, Jaén, Madrid, Barcelona) y los había de distintas edades (la más pequeña no llegaba al año).
Nos acogió la comunidad de Aix, en el que se encuentran varios oblatos de distintas nacionalidades y los cuales, nos pudieron acompañar en distintos momentos. Hipólito, el superior de la comunidad, que es mejicano, es el que hizo de guía a lo largo de los distintos días, junto a Paolo (italiano ilustre y conocido por muchos de los españoles) y James, que solo sabía un "poquito de español".
A lo largo de los días fuimos recorriendo con charlas e in situ los distintos lugares por los que estuvo san Eugenio, con muchos datos y anécdotas, pero sobre todo, haciendo un viaje como peregrinos para encontrarnos con Cristo, renovar nuestra fe y renovar nuestra forma de vivir el carisma de la familia oblata, la de llevar a los más abandonados a Cristo resucitado llevándoles el Evangelio del Amor. Entre los sitios más destacados encontramos la propia casa (la sala fundacional que acoge un trozo de corazón del fundador, el cuarto...), los diversos lugares de Aix (la casa donde nació, la Iglesia de la Madeleine, la antigua cárcel, la catedral...), Marsella (ciudad de la que fue obispo con su catedral y la basílica de Notre Dame de la Garde), el pueblo de Grans (pueblo de la primera misión) y Saint Laurent de Verdun (pueblo donde se encuentra la Mansión donde escribió las CcyRR de 1818). Tuvimos momentos de muchos tipos, celebración de sacramentos (eucaristías y confesiones), oraciones (laudes, completas, ante el Santísimo, de desierto...), momentos de compartir y lúdicos (playa, lago, bailes, juegos...).
Uno de los más jóvenes, Marcos de Jaén nos comenta:
Acabamos de terminar la peregrinación de la familia oblata en la casa fundacional en Aix por la
conmemoración del bicentenario de la aprobación de las constituciones y reglas de la congregación.
En Aix conocimos y redescubrimos los orígenes e historia de San Eugenio, donde nuestro carisma se reavivó con cada charla y paso que dábamos siguiendo su vida.
Queremos darle las gracias a toda la comunidad de oblatos de Aix por su recibimiento y acogida de un grupo de peregrinos tan grande y diferente. Y un especial abrazo al P. Hipólito por hacer nuestra estancia mucho más fácil y divertida.
Aix nos ofreció un sentimiento de hogar siempre abierto a nosotros, llegamos con muchas expectativas y salimos con el corazón lleno por haber convivido con nuestra familia oblata, esta unidad y cercanía nos la enseñaron los oblatos con la caridad.
Sin embargo, nuestro carisma no se queda en Aix, todo lo que se nos ha regalado es un impulso para continuar la evangelización de los abandonados en nuestras comunidades. Lo que se queda en Aix son todas las ganas de volver.
Por otro lado, el matrimonio Salido Peral nos comenta:
Para nosotros, esta peregrinación a Aix era un deseo que teníamos en el corazón desde hacía muchosaños. Era algo que veíamos muy lejano, pero siempre habíamos tenido muchísimas ganas de ir. Y, cuando por fin llegó el momento surgieron dificultades familiares y circunstancias que parecían ponérnoslo difícil. A pesar de ello, nos encontramos en Aix y supimos que habíamos sido llamados fuertemente por el Señor a estar allí.
Como llevábamos a cuestas las dificultades nos hemos introducido en la experiencia poco a poco, quizás demasiado tarde, pero todo lo que hemos conocido, visto y vivido allí ha sido gracia tras gracia.
Las Eucaristías, las oraciones, el compartir en la comida con los hermanos, el estar con las personas de la familia oblata, la comunidad de Aix, nuestros tres sacerdotes de España, el caminar, incluso el calor y el cansancio… todo ha tenido un sentido dentro del conjunto de la peregrinación.
Aunque ya conocíamos algunas cosas sobre San Eugenio, allí hemos descubierto muchas otras que nos han ayudado a sentirnos todavía más familia oblata y a descubrir con más fuerza nuestro carisma y nuestra llamada como laicos oblatos.
Y cuando llegó el momento de marcharnos, nos entristeció muchísimo. Era como la experiencia del Tabor: queríamos hacer tres tiendas y quedarnos allí, porque estábamos viviendo algo muy especial y no queríamos que terminara. Pero también sabemos que volver a casa es un regalo, porque es allí donde tenemos que llevar todo lo que hemos recibido.
Esta peregrinación nos ha servido para renovar nuestro carisma y para preguntarnos cómo vivirlo en nuestra familia, en nuestro ámbito laboral, en la parroquia y en nuestra vida cotidiana.
Y hemos descubierto también que San Eugenio, a pesar de sus pecados, de sus dificultades y de su carácter, fue llamado por el Señor. Y eso nos hace sentirnos llamados también a nosotros, como laicos, a vivir ese mismo carisma, con nuestro carácter, con nuestras dificultades y con nuestras limitaciones, pero confiando en que el Señor también camina con nosotros.
Y por último, como estuvimos en Grans muchos recogieron el deseo de las misiones populares, donde este año ha habido varias (en Málaga y Granada), pero que ya tenemos otra a la vista para la próxima cuaresma, en Madrid en la parroquia de Virgen Peregrina (Diego de León).
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Pos ¡qué bonito!
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