lunes, 18 de noviembre de 2019

Pastoral Juvenil Europea (Praga 2019)


Hace una semana, del 8 al 13 de noviembre, tuvo lugar en Praga el encuentro anual de la Comisión Europea de Pastoral Juvenil y Servicio Vocacional. A este encuentro acuden un oblato y un joven de cada país, aunque los jóvenes solo se quedan durante el fin de semana. En las reuniones se intercambian perspectivas con el fin de conocer la realidad de los jóvenes para acercarles el Carisma Oblato, y se vive en comunidad siguiendo el ejemplo de San Eugenio.

Yo he tenido la suerte de vivir estos días representando la realidad de los Jóvenes Oblatos de España.

Y en primer lugar, para hablar de mi experiencia allí, he de decir que la invitación a participar en este encuentro me llegó en un momento personal de dificultad, así que acepté sabiendo que iba a ser un regalo y una ayuda de Dios. Como siempre, Dios no falla. Desde el primer momento, me sentí en familia. Conocía a varias personas de años anteriores y fue como si el tiempo no hubiese pasado.

Además, en todo momento el clima presente era de comunión; en las comidas, en las oraciones, en la Eucaristía, en las reuniones, en los momentos de ocio… 

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención y por el que doy gracias, es el hecho de que cualquier aportación (ya fuera en una reunión o en cualquier otro momento) era acogida con capacidad de escucha y con interés. Es decir, que siempre que alguien hablaba, el resto tenía ganas de escuchar y de conocer, de preguntar y de profundizar. Se puede llegar a pensar que el idioma era un obstáculo, sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya fuera con el diccionario, preguntando al de al lado, o contando con la traducción de algún oblato, siempre había maneras de entenderse, porque todos queríamos entender. Sin duda, gracias a los gestos y palabras de cada uno he podido ver a Dios de muchas maneras distintas a través de ellos.


Si tuviera que destacar un único momento del viaje, aunque hay muchísimos que podría elegir, desde luego el más especial tuvo lugar el sábado por la tarde, en la adoración. Siendo sincera, pensé que me iba a costar más entrar en el clima de oración (si es que entraba) puesto que el día había sido cansado y yo tenía muchas cosas en la cabeza después de una semana “movida”. Pero como suele pasar, Dios me sorprendió y dio la vuelta a mis expectativas. Entré a la oración con muchas preguntas que hacerle, sin entender muchas de las cosas que han llegado a mi vida estos últimos meses. Gracias a las canciones, al salmo 111, a una carta de San Eugenio, y a hacer silencio en mi corazón para escucharle, salí con las preguntas sin responder pero sabiendo que aunque sus caminos son inescrutables, son suyos, así que tengo la confianza de que está conmigo. Hay una cita bíblica que me gusta mucho y que creo que resume perfectamente cómo fue este momento de adoración, y en general el fin de semana: “Antes de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando, y ya los habré escuchado” (Is 65, 24).

Belén Cazorla Álvarez

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